Mi hernia discal L5 S1

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Dolor de espalda

No lo sabía, pero, mi hernia discal L5 S1 venía de lejos.

La primera vez que el dolor me quebró la espalda fue tras un partido de frontón. Hice un giro brusco de cadera y tuve que desplomarme. Era un mes de Agosto y la temperatura del suelo podría superar fácilmente los 60 grados. Aún así, prefería quemarme en el suelo ardiente que experimentar de nuevo aquel puñal clavado en la parte baja de mi espalda.

Dos semanas después, tras algo de reposo y muchas inyecciones de Voltaren, el dolor remitió hasta el punto de retornar a mi vida normal (aunque nunca más jugué al frontón). Tendría poco más de 40 años. Con el tiempo tuve varios episodios como aquel, sobre todo cuando hacía ejercicio o cometía alguna burrada.

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Acudí a varios traumatólogos. Cuando les decía que el dolor no me irradiaba hacia las nalgas ni las piernas, ya emitían su diagnóstico: se trataba de un dolor de tipo muscular. Y emitían la correspondiente receta de anti-inflamatorios y relajantes musculares. El ibuprofeno y el miolastan (ya retirado) pasaron a formar parte de mi dieta.

Pero a partir de los 50 la pendiente se hizo más pronunciada. Empezaron los problemas con una rodilla y, por supuesto, se agravaron los de mi espalda. Cada vez eran más frecuentes los episodios donde casi ni podía levantarme. Apenas podía caminar y me pasaba las noches buscando una posición de clemencia que me permitiese conciliar el sueño. El dolor intenso irradiaba permanentemente hacia los lados de la cadera. Si antes se desencadenaba después de algún esfuerzo, ahora era un indeseable compañero que no me daba tregua.

Dado mi historial de peregrinación a las consultas de traumatólogos, tenía la convicción de que lo mío era una putada muscular. Mi destino estaba escrito en los prospectos de anti-inflamatorios y relajantes musculares. La única redención consistiría en una voluntad de hierro para fortalecer músculos lumbares y abdominales, lo cual tenía que hacer con precaución para evitar un nuevo episodio de dolor.

Hernia discal L5 S1

No tenía mucha fe cuando me dejé arrastrar hasta la consulta del neurocirujano. Una radiografía y una resonancia después, el profesional dictaminó su sentencia: hernia lumbar L5-S1.

Me extrañaba que el médico dijese que era una hernia sin tener un dolor que irradiase a las nalgas o las piernas. Me enseñó las imágenes del TAC. No había duda. Era una hernia. Lo que ocurría es que la tenía bastante centrada y tenía la suerte de que no tocaba ningún importante.

La columna vertebral

Para comprender una hernia, tenemos que entender la arquitectura de nuestra columna vertebral. La columna actúa no solo como soporte, sino también como un canal que protege la médula espinal, el haz de nervios que conecta el cerebro con la musculatura de nuestro cuerpo.

La columna por un lado sirve de “chasis” sobre el que montar nuestros miembros y la cabeza. Por otro lado sirve como un canal que protege un tejido tan delicado y sensible como son las fibras nerviosas.

 

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Pero además la columna vertebral nos facilita los movimientos. No es una estructura rígida. Está compuesta por discos óseos o vértebras que se articulan unas con otras para dotarnos de flexibilidad y capacidad de movimientos.

Sin embargo, a pesar de ser una estructura articulada, sus piezas no pueden moverse unas contra otras.

Los discos intervertebrales

Si no existiese algo que evitase el rozamiento, las vértebras sufrirían un desgaste que las inutilizarían en poco tiempo. Los movimientos tendrían que ser lentos y gastaríamos una cantidad ingente de energía solo en compensar la resistencia del roce de unos huesos contra otros.

Para hacernos la vida más fácil, la naturaleza encontró una solución que facilita el movimiento de las vértebras unas con otras: los discos intervertebrales.

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Los discos intervertebrales están compuestos de un material gelatinoso. Constan de dos partes diferenciadas, una dentro de otra. La parte central (llamada núcleo) es menos densa. Está recubierta por una parte exterior, llamada anillo, que es de naturaleza fibrosa (más consistente). Para hacernos una idea, un disco intervertebral es como si fuese un donut cuyo centro estuviese cubierto de gelatina.

Hernia de disco

Hemos visto que los discos intervertebrales son como almohadillas que permiten el movimiento de las vértebras. Sin embargo, estas almohadillas se pueden deteriorar por factores como la edad o con los esfuerzos a los que se ve sometida la columna.
A veces parte del material gelatinoso del núcleo puede ser expulsado al exterior. Cuando eso ocurre se dice que se ha producido una hernia.

La palabra “hernia” proviene de las variantes del latín hernia, hirnia u hornea. Significa la protrusión de un órgano a través de la pared que lo contiene.

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Por que se produce una hernia de disco

La causa más frecuente de una hernia de disco es la degeneración de la parte exterior del disco. Con la edad los discos van perdiendo agua y la parte exterior (anillo) se hace más rígida. Como consecuencia de esta pérdida de flexibilidad se producen fisuras o incluso roturas al aumentar la presión entre las vértebras. Levantar demasiado peso, hacer giros violentos o sufrir alguna caída pueden agrietar el disco.

Por la parte exterior de un disco agrietado puede salir algo del contenido del núcleo (que recordemos es menos viscoso) al verse sometido a un aumento de presión.

Factores de riesgo

Muchas personas pueden presentar fisuras en sus discos intervertebrales sin que sufran una hernia. Solo se desarrollan los síntomas cuando protusiona parte del núcleo gelatinoso y esta profusión presiona a los nervios que están próximos.

Aparte de la edad, también podemos desarrollar una hernia de disco por algún traumatismo que pueda dañar la parte exterior del disco. Accidentes de coche, deportes donde se pueden producir impactos como el fútbol o el baloncesto o aquellos como la halterofilia, en los que se somete a la columna a un exceso de carga. El sobrepeso y los trabajos en los que hay que levantar pesos también pueden ser factores de riesgo.

También parecen existir factores genéticos; algunas personas son más propensas que otras a desarrollar hernias de discos.

Pero sobre todo, el principal factor de riesgo puede ser la silla y el exceso de sedentarismo.

Tratamiento de una hernia discal

Las personas que sufren de pinzamiento en algún nervio suelen recuperarse sin necesidad de cirugía.

Las primeras medidas que se aplican son anti inflamatorios y analgésicos. Tu especialista te dirá lo que ya sabes; que debes evitar todas aquellas actividades que te puedan causar dolor; que mantengas una buena postura durante el sueño; que hagas algunos ejercicios que te permitan fortalecen la musculatura del torso.

Si el dolor es persistente incluso pueden administrarte inyecciones epidurales de corticoesteroides.

La cirugía la dejan como último recurso y solo después de que hayan pasado algunos meses sin que remita el dolor o que aumente la dificultad para moverte.

Formas de prevenir una hernia discal

Todo aquello que puede deteriorar la parte exterior de los discos puede provocarnos una hernia. Hay causas naturales que no podremos evitar. La edad, factores genéticos o los accidentes pueden desencadenarnos lesiones que terminen provocando una hernia de disco. Sin embargo, también podemos hacer cambios en nuestra forma de vida que nos ayuden a mantener la flexibilidad de la parte exterior de los discos.

Alimentación

Comer de forma adecuada no solo nos permite obtener los nutrientes que necesitamos a partir de los alimentos. También evita que estemos obesos. Piénsalo. Un sobrepeso de 10 kilos en la parte superior del cuerpo es como si llevases continuamente una mochila con dos garrafas de agua de 5 litros. El problema no es solo llevarlo. Cada vez que te levantas sometes a la columna a una presión elevada. Incluso mayor que la derivada de esos 10 kilos.

Actividad

Una vida activa (sin jugar al frontón o deportes de movimientos violentos) ayuda en varios frentes. Por un lado el ejercicio mantiene los discos mejor hidratados. La parte exterior es más flexible y, por tanto, menos propensa a fisuras.
Por otro lado, la actividad puede fortalecer la musculatura del tronco, especialmente los abdominales y las lumbares. Una buena musculatura soporta parte del peso del tronco y amortigua o alivia la presión sobre la columna.

Evitar tensiones excesivas en la espalda.

A veces levantamos pesos sin pensar en como hacerlo. Hay técnicas para levantar cargas ayudándonos de los poderosos músculos que tenemos en nuestras piernas. Solo es cuestión de mantener la guardia y pensar antes de agacharnos a coger la bolsa del supermercado o el saco de pienso para el perro.
Ni que decir que vale más pecar de vago y llamar a alguien que nos lleve aquello que pese demasiado que estar años lamentándose.
Un capítulo aparte merecen las posturas forzadas que mantenemos a lo largo del día, especialmente cuando estamos delante de un ordenador.

Bibliografía

http://www.mayoclinic.org/diseases-conditions/herniated-disk/home/ovc-20271246

https://www.laserspineinstitute.com/back_problems/annular_tear/causes/

http://www.spine-health.com/conditions/herniated-disc/whats-a-herniated-disc-pinched-nerve-bulging-disc